La voz del tango se hace escuela en La Plata
Carlos Cabrera, el artista platense que formó parte de las grandes orquestas de tango porteñas, hoy abre las puertas de la primera Academia de Canto Popular en la Ciudad
La casa de Carlos resulta amplia y cómoda para transformarse durante varias horas a la semana en una escuela de música. Luego de estar más de veinte años con la orquesta de Atilio Stampone, decidió hacer camino en su propia ciudad. Después de atravesar un primer año de enseñanza en un círculo más íntimo de gente, reconoció que era capaz de transmitir lo que sabía. Así comienzan los días que hicieron de los espacios de su hogar la cotidianeidad de la poesía.
gA partir del 2003 se me ocurrió probar como medio de vida, sin desligarme de la música, transmitir y enseñar la experiencia que yo tenía de canto”, comienza Carlos dejando una huella sonora en el aire que se identifica con el timbre de voz tanguero. El primer paso como maestro lo inició con los hijos de sus amigos, quienes confiaban en su trayectoria y aprendizaje.
Hoy tiene 68 años, creció en la Ciudad formándose en los años dorados del tango. Es cantante de tango profesional y recorrió las callecitas de Buenos Aires haciendo melodías de nostalgia junto a las grandes orquestas porteñas. Ha visitado distintos lugares del mundo dejando la impronta de su voz en cada país. Desde el 2004 decidió regresar a La Plata y abrir la Academia de Canto Popular en su propia casa de Tolosa.
La gente comenzó a arrimarse a la imaginaria tangería del barrio de Tolosa con el afán de aprender, entre milongas y bandoneones, las letras que atraviesan la vida y convierten el tango en un clásico trascendental que se entromete en el alma.“Creo que es la música que más relación tiene con la historia de la gente”. Reflexiona, sin dejar lugar a dudas que el sentido del tango está en lo que expresan sus letras, y en la identificación de la persona que le pone voz a sus historias.
Una dulce melodía se afina en la mayoría de sus alumnas mujeres. Las edades abarcan desde los 19 hasta los 70 años. Según el maestro, aquellos que nacieron en la década del ‘40 se identifican rápidamente con el tango y lo llevan como un sentimiento, un estilo de vida. En aquel contexto las letras que se musicalizaban no eran las escritas en los burdeles porteños de fines del silgo XIX, sino que estaban atravesadas por las heridas existencialistas de los intelectuales de la época.
Las alumnas interpretan las letras de los tangos, y a su vez las resignifican logrando que el sentido se construya desde el lugar de la mujer. “El tango era muy machista y las mujeres que cantaban también lo eran. Después hay una serie de canciones que se adapta naturalmente para que las cante la mujer, están escritas desde un lugar neutro”. En este sentido, Carlos también resalta la importancia que tiene el trabajo de análisis de las letras en el proceso de aprendizaje, “sino sos un intérprete vacuo que no sabe de que habla”.
En la búsqueda profesional que existe entre los más jóvenes, los repertorios que prefieren son los más antiguos. Desde Gradel, Magali, Corsini, hasta temas de la compositora Eladia Blázquez, quien inicia una apertura en la narrativa tanguera, donde las definiciones urbanas dejan de lado a los guapos y cuchilleros. “Las canciones se mantienen, porque los temas nos atraviesan a todos, viejos y jóvenes, mujeres y hombres. A medida que te pasa la vida, te vas dando cuenta cómo te involucra”.
Del origen del tango se dicen muchas cosas, pero algo que es certero según Carlos es su origen porteño y prostibulario, que luego comienza a fusionarse con la nostalgia del inmigrante desarraigado y solitario. El pensamiento triste que se baila, como lo define Discépolo, empieza cuando los dramas de la vida del inmigrante se hacen carne y el cuerpo es pura melancolía.
El músico recuerda un tango que considera clave para comprender ese quiebre en la historia que termina consagrándolo en la década del`40, y frasea “ya no hay en el bulín aquellos lindos frasquitos, adornados con moñitos todos de un mismo color. Y termina diciendo que ni la lámpara del cuarto lo quiere seguir alumbrando y se apaga”. El tango se acerca a una tragedia griega, admite, al sentir como afloran las pasiones y la esencia del ser humano ebulle a carne viva.
La Academia de canto y los talleres
Las clases son individuales y están compuestas por una hora de técnica de la voz y una hora de reportorio, a cargo del guitarrista de 24 años, Martín Rodríguez. El ciclo se completa con un concierto en algún bar, teatro o en el propio living de la casa del maestro.
Se enseña tango, folklore y bolero, siendo la técnica la misma para todos. Por eso los 35 alumnos que concurren no están divididos por edad. “Después, sí se divide en repertorio donde cada uno canta con su estilo. Con la incorporación del guitarrista joven, puedo tener hasta rock pesado, pero al ser yo cantor de tango la mayoría son tangueros”, agrega Carlos.
El primer momento de la clase es la relajación del cuerpo, se enseña a controlar la respiración y administrar la energía para la expresión. “El tipo o la mina que canta tango ya tiene la voz hecha, yo lo que hago es pulirla”.
La importancia en esta técnica también radica en que el cuerpo esté relajado y no se manifeste crispado como suele ocurrir con muchos cantantes que lo que hacen es transformarse en un conjunto de tensiones nerviosas.
Durante las clases se analizan las letras para descifrar cuánto de esa poesía de Manzi o de Castillo, por ejemplo, hay en cada uno. De esta manera, encontrar la identidad con las canciones permite alcanzar un mejor nivel de expresión en el canto. “Lo esencial es la comprensión sensible de lo que se está cantando”.
La muestra es colectiva y se hace en lo posible una vez al mes. En más de una oportunidad, es su linving el mejor patio de baile y de canto adaptado con una infraestructura y un equipo de sonido adecuado para la ocasión. Amigas, compañeros, familiares se encuentran en la casa de Carlos, “ de pronto vienen los vecinos del barrio, los trabajadores de los talleres mecánicos, se sientan, se toman un vino y ven el espectáculo. Hay mucho entusiasmo y efervecencia. Sino se llega a esa etapa de la exposición sólo aprenden a cantarme a mí o al maestro de repertorio”, reconce y planea a futuro lograr hacer una comedia musical de tango.
Caminitos de su vida…
Carlos Cabrera nació en 1940, en un contexto cultural que encuadraba a la edad de oro del tango. Empieza a cantar a los 30 años y a los 39 grabó su primer disco.
Estudió en Bellas Artes de La Plata, y su primera maestra fue Carmela Guiliano. Se formó en canto con Héctor de Rosas, y en repertorio con José Basso.
Desde su formación en Buenas Aires pasó por orquestas porteñas como la de Atilio Stampone y Leopoldo Federico, como así tamién salió de gira por el mundo.
En la provincia de Buenos Aires fue jurado de los Torneos Juveniles Bonaerenses, y allí descubrió cómo convergen los jóvenes que cantan tango y los adultos mayores que recitan poesías gauchescas.
Fue compañero del Polaco Goyeneche durante muchos años y el último disco está dedicado a él. Titulado, “El saco del Polaco”, es un homenaje a su trayectoria y uno de sus temas relata el momento cuando el Polaco le obsequió su saco.


